
Ya no controlo la imagen del espejo,
por cada gesto mio
aquella me devuelve demonios
que me ostigan
me tocan
me crean,
no quiero
no debo
no puedo ver
Revelados contra mi pulcra,
casta y estupida irrealidad,
que quiero
que debo
que puedo ver
deshilvana en cada gesto
aquellos que profundos,
reales, sentidos deshacen impudicamente -sin remedio ya-
mi falsa conciencia
del mundo
de los cuerpos
del sexo
del arte
y lo que era sacrosanto - vital-
se arroja al barranco de los desperdicios de mi hipocrecia.
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